Coaching, Adolescencia y Padres

La adolescencia supone un terremoto emocional para los hijos, pero también para los padres. Nuestro hijo comienza a cambiar, ya no le entendemos. Un adolescente en casa altera los horarios, intenta imponer sus opiniones, discute, se opone, no quiere comer, come demasiado…

Rebeldes, insolentes y protestones, los adolescentes se enfrentan a sus padres y con frecuencia a la sociedad. ¿Por qué? ¿Qué es la adolescencia? ¿Cómo la viven los hijos? ¿Cómo la viven los padres? ¿Por qué aparecen en este periodo de la vida tantos problemas con la alimentación? ¿Se puede hacer algo para prevenir conflictos? ¿Cómo ayudarlos?

Es un periodo lleno de ambivalencias, doloroso, caracterizado por fricciones con el medio familiar.

Ya no es un niño, y aún no es un adulto: es un adolescente, un sujeto que tiene que soportar incertidumbres sobre su futuro y al que pedimos que tome decisiones cuando todavía no tiene claro qué quiere hacer en la vida.

Sufren porque son muy susceptibles y tienen crisis de celos y malhumor. Necesitan simultáneamente control e independencia. Con frecuencia sienten hacia sus padres un rechazo que es la expresión de cuánto los necesitan.

Todas las contradicciones están relacionadas con la búsqueda del adulto que les gustaría ser. En su búsqueda de una identidad distinta de la de sus progenitores, incluso de la que éstos quieren para él, de una identidad propia y construida por él mismo, es inevitable y casi conveniente que el adolescente se enfrente a sus padres.

Si has tenido hijos…

Los conflictos con los padres son un síntoma del proceso de diferenciación que los hijos tienen que poner en marcha. Deben desprenderse de las identificaciones que se produjeron en la primera infancia y en la pubertad, que se refieren a los modelos que se les imponen de forma inconsciente. Todas las generaciones muestran sus rasgos característicos e intentan romper con lo anterior incluso en la estética, peinados.. etc… para diferenciarse de sus padres.

La vergüenza es muy dolorosa para los niños porque está ineludiblemente vinculada al miedo a no ser queridos. Sentir que no merecen que los quieran es una amenaza para su supervivencia. Un trauma. Nuestro cerebro conserva estas experiencias y las revive cuando estamos avergonzados. Las experiencias de vergüenza de la infancia cambian nuestra forma de ser, nuestro concepto sobre nosotros mismos y nuestro sentido de la autoestima. Siempre he dicho que no haría lo que mi familia me hizo a mí, y ahí estoy hoy repitiendo conductas.

Si has tenido hijos… y te estás preguntando…matilde_pastor_coach

… si es demasiado tarde para enseñarles o para cambiar el álbum, la respuesta es no. No es demasiado tarde. La fuerza de aceptar nuestras historias, incluso las difíciles, es que podemos escribir el final. Hacer saber a nuestros hijos que no están solos y que nosotros hemos vivido muchas de sus luchas es el inicio del cambio:

¡Yo también!

Aprendamos y eduquemos a estar “integrados” para ser nosotros mismos en lugar de “encajar” para ser como tú. Atrevámonos a ser adultos.

Olvidemos la integración condicionada. Huyamos de no estar a la altura de las expectativas de tus padres; de no ser tan guay o popular como a tus padres les gustaría; ni ser tan inteligente como tus padres; o no destacar en las misma cosas que tus padres; tus padres se sienten incómodos contigo porque no tienes bastantes amigos, o no eres atleta o bailarina; a tus padres no les gusta cómo eres ni lo a que a ti te gusta; cuando tus padres no prestan atención a tu vida. Si queremos cultivar hemos de asegurarnos que podemos trabajar conjuntamente con ellos para darles algo a nuestros hijos que en muchos casos nosotros no tenemos.

Busquemos empatía y no culpa. Vive desde el sé cómo te sientes. Cuando yo soy esa/ese también me siento herida, insignificante y sola.

Yo fui esa/ese.

Todos queremos importar y sentirnos integrados. La meta no es ser un padre, una madre o un hijo perfectos.

Es ser tú, Auténtica.

Perfil_MAT

Matilde Pastor – ¿Cómo te puedo ayudar?

A veces es importante dejar que la vida te sorprenda… Querer disfrutar del camino… Y, apostar por todo aquello que te ilusiona y gusta. Ahí se esconde nuestro gran “talento”.

Mi objetivo es ayudar a otras mujeres a su desarrollo personal y profesional, que se sientan y sean felices sin peajes. ¡Despertar y liberar todo su potencial!

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