Cumples 50, bienllegada a la crisis existencial

¿Crees que la vida se te va, o ya tienes menos oportunidades? Lo has hecho lo mejor que sabías y, de nuevo la vida te saca de donde estás. ¿Cuál es el sentido de mi vida? ¿Por qué vivo esto? ¿Para qué me pasa? ¿Qué siento? ¿Qué puedo hacer?…

Es curioso como cada década te lleva a una crisis distinta. Tus opciones son las que son: deprimirte, dejarlas pasar o hacerte fuerte y aprender para superarlas. ¡Todo un mundo de experiencias!

Sin embargo, la crisis de los 50, en la que ya no eres tan joven ni tan vieja, te tambalea porque va directa a tu ‘autovaloración’. Aparece cuando no cumples tus expectativas de vida, en la parte social tu círculo se cierra, ya no tienes planes como antes, tu cuerpo cambia, tus hijos se alejan o independizan, te desmotivas laboralmente o te quedas sin trabajo, a nivel económico el dinero no te alcanza, o tu pareja te engaña con alguien más joven …

Tus ideas y creencias te llevan a pensamientos limitantes. ‘No necesito’, ‘no debo’, ‘no tengo’, ‘no puedo’… y tiras la toalla: ya que lo hagan y disfruten mis hijos. La baja autoestima consecuencia de las críticas, censuras, burlas o falta de valoración te pasan factura.

La crisis de los 50 es una crisis existencial.

Prepárate para afrontarla. Te afectará más o menos dependiendo de las circunstancias por las que estés atravesando: separación, duelo, problemas laborales, soledad, enfermedad… Literalmente, como un perrillo pulgoso sacúdete lo que está ocurriendo y, pregúntate realmente ¿Qué me pasa? y, ¿Cómo me pasa?…

¿Qué haces bien? ¿Para qué sirves? ¿Por qué sientes pasión? Usa tu determinación y pon tu foco en cumplir tus sueños. Los 50 es un período de reflexión, revaluación y transición personal en el que puedes experimentar cambios físicos, emocionales y sociales. ¡Respira! ¡Disfruta! Y encuentra tu sitio.

Para manejar la crisis enfócate en aspectos positivos, mantén una actitud activa, valora lo vivido en lugar de querer recuperar el pasado, valora lo que tienes (pareja, hijos, amigos, trabajo…), agradece y disfruta lo que has logrado, toma conciencia de lo que está sucediendo y no trates de ignorar los cambios y, sobre todo, habla con tu entorno de lo que te está ocurriendo.

La madurez no es sinónimo de decadencia. La vida no es juventud.

Recuerda que las cosas que nos ocurren son neutras, la emoción se la ponemos nosotros. Y no pierdas de vista que tus pensamientos son los que generan tus emociones.

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Matilde Pastor – ¿Cómo te puedo ayudar?

A veces es importante dejar que la vida te sorprenda. Descubrir quién eres realmente. Lograr coherencia personal y profesional. Y, apostar por todo aquello que te ilusiona y gusta. Ahí se esconde nuestro gran “talento”.

 

 

 

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